7 sept. 2013

NO INVESTIGAMOS



Aunque esté mal decirlo, así es: no investigamos. Pensamos que hay otros caminos que no pasan por el discurso o la experiencia estética. Simplemente no se sabe hacia dónde va nuestro trabajo ni desde dónde emergen sus contenidos, ni si al final concluirán en objetivos razonados.
Nuestro propósito es más cuestionar-nos desde la praxis, y, asentados en un contexto local, explorar nuevas dimensiones en un mundo demasiado seguro de sí para hacer vibrar la contingencia (como diría Merleau-Ponty).
Queremos aprovechar este a-cercamiento, desde la periferia de nuestros entramados disciplinares, a los dispositivos que conforman nuestra percepción conceptual y formal del mundo para seguir cambiando los modos y poder hacer visibles preguntas que nos dejen seguir viviendo.
Aceptamos que el arte no es autónomo: estar a la espera de lo que está por venir no nos va a llevar a residuos nostálgicos. Pensamos que nos acercará hacia otros lindes y contestará a las reducciones patrimonialistas de un territorio donde lo que hay solo se puede captar o dejar pasar. Donde lo fluido y lo flexible no es solamente la manera de adaptación de lo sensible, sino que a menudo ocultan estados de precariedad social en un mundo aparentemente sin relatos. Y donde ciertos poderes hegemónicos nos siguen recordando que aunque todo se caiga, ellos prevalecen. A veces con nuestros vulnerables dispositivos.
Después de todas las disoluciones que nos han llevado a impulsar procesos colectivos basados en la propia “percepción, afecto, pensamiento, expresión y relación”, y desde los que hemos superado ya aquello de un arte como “laboratorio móvil” y “teatro experimental”, ¿cómo se definen ahora las nuevas potencialidades del arte? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Estamos cuestionando(nos) o generando recursos? ¿No estaremos convirtiendo estas propuestas en nuevos dispositivos de valor para el capitalismo cognitivo? ¿O todavía cabe esperar cumplir la promesa de un ARTE transformador como “modelo de disenso y contestación”?
Deleuze y Guattari pensaron estos procesos (para la articulación de la enunciación colectiva) como “agenciamientos”, descritos como la “consistencia” de los “flujos del deseo”, llevados a una multiplicación de sí mismos e incluso a “una relación delirante con los otros”, donde todo parece ser posible (al menos en el dispositivo artístico)[1].
Por ello queremos ser conscientes de lo desigual del pulso en el territorio en que se trabaja, y hacer fuerza desde el compartir conocimiento y espacio con los otros: para impulsar y problematizar las estructuras (instituyentes y no), para desplazarnos e ir más allá de nuestro reconocimiento como sector adscrito a su labor. Pero esto no es ninguna fórmula, sino apenas un tránsito, un ponerse a habilitar capacidades que nos desmarquen de aquello pre-establecido.


[1] Tanto las citas entrecomilladas como la glosa de Deleuze y Guattari las extraemos de un artículo de Brian Holmes: “El dispositivo artístico, o la articulación de enunciaciones colectivas” (http://estafeta-gabrielpulecio.blogspot.com.es/2011/12/brian-holmes-el-dispositivo-artistico-o.html). En él también podemos encontrar las siguientes definiciones de los conceptos de los que hacemos uso:

Dispositivo: “«Sistema de relaciones» que se puede descubrir entre «un minucioso ensamblaje heterogéneo que consiste en discursos, instituciones, formas arquitectónicas, decisiones reguladoras, leyes, medidas administrativas, afirmaciones científicas, proposiciones filosóficas y morales»…«Formación que tiene como función principal responder en un momento histórico dado a una necesidad urgente»” (Foucault).

Capitalismo cognitivo: Fase actual del capitalismo que se caracterizaría por “el ascenso del trabajo intelectual o «inmaterial» basado tanto en la cooperación y compartición de códigos abiertos como en la mercantilización o el «cercamiento» de los saberes en forma de propiedad intelectual que después se hace circular como fuente de renta”.